El glamour de las mesas, según Valentino

 

Valentino at the Emperor’s Table.

Valentino Garavani, uno de los diseñadores de moda más prestigiosos del mundo, está obsesionado con la belleza. Todo en su vida debe ser hermoso, incluso la mesa donde come.

No importa si es una glamurosa cena con exquisitos invitados o si es un sencillo lunch en solitario, Valentino escoge con minucia todos los elementos que adornan la mesa. Según el escenario que aloje el momento de la comida, la decoración cambia. Puede ser su mansión en Londres, su castillo en Francia, su chalet en Suiza o su apartamento en la Quinta Avenida de Nueva York. Entre sus colecciones de mantelería escoge servilletas de lino o seda y manteles de distintos bordados finos. La vajilla, que es de lo más importante, puede ser de una exclusiva colección de Meissen Couture, de una colección rusa de plata tan antigua que estuvo en la mesa de la emperatriz Catalina II de Rusia, de porcelana alemana, o de cerámica pintada a mano a principios del siglo XX. Además, las copas son de cristal cortado con baño de oro, los cubiertos son de plata y las decoraciones de la mesa son antigüedades —candelabros, floreros o cisnes Meissen.

Las mesas de Valentino recuerdan una escena del Renacimiento en Francia o en Italia, cuando el diseño de la mesa era considerado una obra de arte. La comida se sirve a la francesa y los meseros, ataviados con trajes negros y guantes blancos, no pierden detalle en el servicio. Hay elegancia, formalidad y el mismo sentido estético que se deja ver en los desfiles de moda del gran trendsetter. Es casi una experiencia proustiana.

Y es que antes de ser un exitoso y respetable diseñador de modas, Valentino ha sido un eterno enamorado de la belleza. Es un hombre que vive en la contemplación estética, anclado en las tradiciones de la elegancia y el entretenimiento refinado de los siglos XVII y XVIII en Europa. Esta obsesión por lo bello lo anima a diseñar las mesas más opulentas, no solo para deleitar comensales en las cenas glamurosas que ofrece en sus residencias, sino para experimentar un momento comensal de la forma más bella posible, porque “entretener a treinta personas o una sola es lo mismo; la comida tiene que servirse en maneras hermosas”, dice.

Este tan peculiar estilo de vida está documentado en Valentino at the Emperor’s Table, escrito por André Leon Talley, exeditor de la revista Vogue en Estados Unidos e ilustrado con fotografías de Oberto Gili. El libro nos deja con antojo de proveernos la felicidad a través de la elegancia, que es, según Valentino, “el balance perfecto entre proporción, emoción y sorpresa”.

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Valentino at the Emperor’s Table, Assouline 2014.

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